Querida familia lasallista:
Con alegría y gratitud nos unimos como Familia Lasallista para celebrar a san Juan Bautista de La Salle, nuestro Fundador, maestro de espiritualidad, educador de corazón y testigo fiel del amor de Dios manifestado en el servicio educativo a los niños y jóvenes, especialmente a los más pobres.
Esta celebración nos invita a volver la mirada a los orígenes de nuestra misión. San Juan Bautista de La Salle, conmovido por el abandono humano y espiritual de los hijos de los artesanos y de los pobres, supo reconocer en esa realidad una llamada de Dios. Su respuesta no fue individual ni pasajera; fue una entrega de
vida, realizada junto a otros, para hacer de la educación un camino de salvación, dignidad, fraternidad y esperanza.
Hoy, en cada una de nuestras obras, esa intuición fundacional sigue viva. Cada aula, cada patio, cada comunidad, cada gesto de acompañamiento y cada esfuerzo por educar con calidad y calidez son expresión concreta de una misión que no nos pertenece como propiedad, sino que hemos recibido como don y responsabilidad. Como nos recuerda nuestro Fundador: «Señor, es tu obra».

En esta fiesta, quiero agradecer profundamente a todos los que, desde distintos servicios, sostienen y animan la misión educativa lasallista en Bolivia y en el Perú. A los hermanos, por su testimonio de consagración y fraternidad; a los directivos, docentes y colaboradores, por hacer de su profesión un verdadero ministerio; a las familias, por confiar en nuestras obras; y a los estudiantes, por recordarnos cada día el sentido más profundo de nuestra vocación educativa.
Celebrar a san Juan Bautista de La Salle es también renovar nuestro compromiso de caminar juntos y por asociación. En tiempos de cambios, desafíos y nuevas pobrezas, estamos llamados a ser comunidades educativas fraternas, creativas, proféticas y sensibles ante las necesidades de nuestro entorno. La fidelidad al carisma no consiste solo en conservar una historia, sino en hacerla fecunda hoy, respondiendo con audacia evangélica a las realidades que Dios pone delante de nosotros.
Que esta memoria fortalezca en todos nosotros el espíritu de fe y el celo ardiente que animaron al Fundador y a los primeros hermanos. Que nuestras obras sigan siendo espacios donde se anuncie el Evangelio, se cuide la vida, se eduque con esperanza y se construya fraternidad.
Pidamos a san Juan Bautista de La Salle que interceda por nuestro Distrito, por cada comunidad educativa, por nuestras familias y, de manera especial, por los niños, adolescentes y jóvenes que el Señor nos ha confiado.
¡Viva Jesús en nuestros corazones! ¡Por siempre!
Lima, 15 de mayo de 2026





